Por ahí…

Salida

Mañana de un domingo. El sol acompaña. Barcelona esta preciosa. Barrio de la Barceloneta. Solo bajar del bus e introducirme en las calles ya siento una excitación. Demasiado tiempo sin salir. Conozco poco la zona. Me encanta la sensación de introducirme por calles que no conozco, seguir sin rumbo, sin saber donde irá a salir la callejuela por la que ando. En las fachadas se ve el paso del tiempo. Los balcones llenos de ropa de toda clase. Mil colores llenan esas cuerdas viejas en los balcones de esas calles sombrías y húmedas. Sigo andando. Me sorprende la variedad de personajes, la gente del barrio, los guiris, los de toda la vida… Inclino la cabeza mirando hacia arriba atraída por una voz. Veo una vecina sentada en esos escasos metros a los que llaman balcón, apenas cabe la silla. Su espalda da a la calle. Habla con dos vecinas más que asoman. Se cuentan que van a hacer hoy para dar de comer a los suyos. Paella – dice una. No presto atención a lo que dicen las otras. Me recuerdan a mi abuela y mi bisabuela, sentadas durante los veranos en la puerta de casa dejando pasar la tarde con las vecinas. Viendo la gente pasar. Hablando con muchos de ellos que pasan día si y día también. Y como no… el arroz caldoso de mi bisabuela. Ella me enseño, aunque sin saberlo, a apreciar el aroma que desprende una cocina.

Son los aromas, los aromas de la Barceloneta lo que más recuerdo ahora. Esa mezcla entre tapita variada, fritanca de la buena, pescaíto y caldo de pescado para las paellas.

Dejo el mar a mi espalda y me dirijo a… el Borne mismo. En realidad da igual. Lo importante es estar ahí, paseando, sentirme a gusto. Aunque tengo que reconocer que a esas alturas entre los zapatos planos y mis callosidades ya tengo ganas de sentarme a tomar una cerveza.

Calle Montcada. ¡¡Dios, donde me metido!! Los guiris abarrotan la calle para entrar al museo Picasso. No se puede casi ni andar. Me meto en el primer callejón que veo. No me gusta ir por calles principales, pero si además le añadimos el factor domingo, el buen tiempo y que los turistas están en todos lados hay que buscar una escapatoria. Aunque hay que reconocer que todos somos guiris y hacemos lo mismo en muchísimas ocasiones. Me llama la atención una tienda pequeña. Tengo que comprarle un regalo a mi madre, aunque ya daba por echo que siendo domingo sería complicado. ¡¡¿Bien por los guiris y el turismo?!! Un collar, le echo el ojo en seguida. Sé que le va a gustar. Con un poco de suerte me lo dejará.

Vía Laietana, de nuevo el caos. Hay que buscar calles pequeñas, rincones. Bar pequeño, muy pequeño, jamones colgando, poca gente…buena pinta. Aquí la cerveza y… una tapita… ¿Se puede pedir más una mañana de domingo? Ojalá todas fueran así. Gracias

Melopea

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