Debía empezar como un día más, y así le debía y le tenía que parecer al resto. Supongo que al no haber sido informados no les resultó difícil que así fuera. Seguí consejos anteriores: desayuno, tila, sin prisas… aunque desestime uno la recomendación de “un chupito de coñac antes de empezar”. Me pareció excesivo. Estaba tranquila, demasiado tranquila, demasiado reposada, no era normal. La mañana pasaba sin nervios, “que extraño”. No tenia ganas, ni de nervios ni de nada, no confiaba, iba a pasar lo de siempre, la misma mierda de siempre. Y para rematarlo allí estaba yo con la cabeza oprimida y con una congestión que me estaba matando. ¿Han pensado alguna vez lo desagradable que es estornudar con la cabeza metida en un casco? ¿Sentir que lo único de lo que tienes ganas es de terminar y tomarte un chute de desenfriol y a ser posible meterte en cama rodeada de kleenex desparramados por todos lados? Y allí estaba echa una mierda esperando mi turno para examinarme una vez más. Llegó el momento y… sin comentarios. Más de lo mismo. Y el mismo paseo hasta el bus con la misma sensación de estar perdida, de querer tirar la toalla, de no entender como puede ser, por qué me pasa, por qué coño no lo hago bien..
20 minutos de bus. Una llamada. Pañuelo tras pañuelo.
Me meto en el metro. 2 transbordos. Un asiento. Aire acondicionado (“lo que me faltaba, joder“).
Salida a la calle. Aire frío. “Por fin, una farmacia. Mi desenfriol.”
Justo entro en la farmacia, “ya queda poco ” me digo a mi misma. Me toca pedir. Mierda, otra llamada. Número privado… “¿Lo cojo o paso? Seguro que es alguno de esos plastas de vodafone o lo que es peor un puto contestador, odio hablar con los contestadores”. Es mi tía, pocas veces me llama y justo en ese momento sólo puedo pensar en mi desenfriol. Salgo a la calle para hablar con ella, no me siento cómoda hablando en la farmacia. En realidad tenia ganas de hablar con ella pero… ¿Justo hoy? En menos de un minuto ya me ha preguntado sobre el tema “¿Cómo va la moto?” Mierda, pienso. Hoy, tenia que ser hoy. Mi respuesta… poco sincera, omito información, intento desviar el tema. Muchos besos. Tras diez minutos colgamos.
Por fin. Entro a la farmacia de nuevo. Ahora parece una jungla, pido turno. Lo consigo.
Llego al estudio mi primer objetivo vaso y agua.
Fue un día extraño. Supongo que mi estado tampoco acompañaba a que fuera mejor. Me siento torpe, lenta. Esperemos que mañana sea mejor.
Aquí estoy sentada en la que en ese momento no era mi moto. La foto es de hace dos años. Si la planchitis aguda me desaparece podréis verme en ella. (foto suprimida)
Melopea