Y de repente un blog. Como si las imposturas no tuvieran ya demasiados soportes donde manifestarse, pero me dicen que un blog es otra cosa, no sé bien qué quieren decir, pero me supongo algunas; es un espacio público, es como hacerse la ilusión de que está al abasto de todo el mundo, y lo está, pero ¡vaya estupidez! si nadie lo mirará a menos que le des la dirección apuntada y no la pierda y tenga ganas y te elija entre los mil amigos que ya le pasaron antes las direcciones de sus también aburridos blogs. Ese afán de los cinco minutos de gloria es una grossa sandez. Bien ¿Qué otra ventaja puede tener? Ahh el despacharse a gusto con las cuitas, penas y glorias del anonimato ininteresante que nos ha tocado protagonizar. Rajar a diestra y siniestra o contar las intimidades en una suerte de confesionario… Sí, pero ojo, siempre acudiendo a las omisiones pertinentes o a los eufemismos consabidos, porque nunca sabes quién lo puede mirar, y si estrujas a Lola y cuentas tu interés por Bartola, quién te dice que Lola y Bartola no se enterarán, entonces recurres a lo que dije, eufemismos. ¿Y si hay que escribir limitados, no es otra forma de actuar como lo hacemos cotidianamente? ¿Como impostores? Pues… puede, pero mira por dónde, eso me ya convence. Me encontraré a gusto interpretando -como buen impostor que soy, y que eres querido lector- los distintos roles o papeles que más me convengan. Pues ya no me lo planteo, escribiré en el blog. Ya verán lo que les cuento, no se salvará nadie y muchos se sentirán identificados. Eso sí, respetaré por sobre todas las cosas a mi vecina, la Melopea esa, no vaya a ser que me descuelgue del artilugio. ¡Salud vecina!
Un tal Lucas