En casos como éste, en el que te planteas hacer un blog donde poder plasmar las diferentes sensaciones que te envuelven, es cuando me acuerdo del típico caso del escritor que se sienta frente al papel. Enfrentarse a esa primera página en blanco. Esas primeras líneas en las que deberías escribir todo aquello que necesitabas plasmar y ahora ni siquiera sabes por donde empezar. Esta realidad es pésima. Te planteas la necesidad de tener ese espacio donde vaciarte, donde poder “vomitar” el cúmulo de cosas que sientes diariamente, esa vorágine que envuelve tus pensamientos, tus necesidades, tu “yo” como persona… y llegado el momento aquí estás largando chorradas por la boca con tal de no soltar prenda.
Supongo que con el tiempo uno se va haciendo a esto de tener un blog y lo que ello representa, teóricamente. Por lo menos trataremos de estrenarlo y que ese miedo de las primeras palabras desaparezca.
Melopea